Por qué el tecnomagnate decidió instalarse en el país. Las utopías que comparte con Milei: transhumanismo, desprecio por la democracia y las universidades. Inversiones en energía y las leyes libertarias funcionales a sus proyectos. Ciudades futuristas privadas. Los refugios estratégicos ante una guerra nuclear.

l jueves 23 de abril, luego de cerrar la sala de periodistas por primera vez en la historia de la democracia, Javier Milei recibió a Peter Thiel en la Casa Rosada. Fue el tercer encuentro que mantuvieron cara a cara, pero fue mucho más que eso: sirvió como el anuncio formal de que el tecnomagnate había llegado a vivir a la Argentina. Desde entonces se instaló una pregunta de escala global: ¿qué vino a hacer uno de los hombres más poderosos del planeta a este país?
Antecedentes
El relato oficial insiste en que el triunfo de Milei fue lo que hizo que Thiel, otro libertario, empezara a mirar a la Argentina. Pero su interés venía de antes.
El 6 de junio de 2022, cuando Milei medía apenas unos puntos para las elecciones, Palantir Technologies se registró como marca en el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI). A través del estudio de abogados Berton Moreno IP Law, la empresa de Thiel declaró ante el Estado argentino que venía a ofrecer, entre otras cosas, «software no descargable de inteligencia artificial perimetral; software para el análisis, organización y seguimiento de datos e información geoespaciales y de localización; software no descargable para el procesamiento de datos para su uso en productos, ingeniería y diseño de la seguridad nacional».

El 8 de septiembre de 2017, el diario PERFIL publicó una nota titulada «AMIA: impulsan un contrato con una firma vinculada a la CIA que espió en el país». El texto, firmado por Aurelio Tomás, revelaba que Palantir quería quedarse con la digitalización de los archivos secretos de esa causa. Se trataba de una iniciativa impulsada por el entonces Ministerio de Modernización del gobierno de Mauricio Macri, a cargo de Andrés Ibarra, en un acuerdo con el Ministerio de Justicia de Germán Garavano. Según confirmó Tomás, el 13 de abril de aquel año un directivo norteamericano de la empresa de Thiel había viajado hasta la Argentina para realizar, en el Ministerio de Modernización, un «demo» ante la Unidad Fiscal de Investigaciones AMIA (UFI AMIA). «Los fiscales mostraron preocupación porque están en juego archivos secretos», contó el artículo. Además, los productos informáticos de Palantir «fueron mostrados a otras instancias sensibles del Estado, como la Unidad de Información Financiera«.
La situación parecía avanzada, pero ante un reclamo judicial de un grupo de familiares de víctimas, la Sala I de la Cámara Criminal y Correccional Federal estableció que la UFI AMIA debía conservar el control exclusivo de la documentación.
Así, el intento de Thiel por administrar una de las bases de datos más sensibles de la historia reciente se diluyó. Pero la cronología empieza a ser más clara: primero Thiel intentó quedarse con los secretos de una de las causas más oscuras de la historia argentina. Después registró formalmente su empresa. Y luego se mudó a Buenos Aires.
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